FERNANDO MARENGO - Economista Jefe y socio de Arriazu - Macroanalistas

Durante el tercer trimestre del año anterior, la economía habría tocado un mínimo en cuanto a actividad económica, al experimentar un incipiente proceso de recuperación. Si bien cada mes de actividad resulta mejor al del mes anterior, todavía no se logra superar los niveles alcanzados un año antes.

En el cuarto trimestre de 2016, la economía habría vuelto a registrar una tasa de crecimiento positiva, después de cuatro trimestres consecutivos de contracción. Anualizado, el ritmo de expansión sería superior al 3,5%. Ahora bien, estos datos hacen referencia al promedio de la economía, agregando sectores ganadores y perdedores. Hacia finales de 2015, cuando el debate respecto de la política económica que implementaría la nueva administración oscilaba entre gradualismo a shock, el escenario más probable era el de “gradualismo con shock sectorial”, siendo este último el que se instrumentó finalmente.

Los sectores que recibieron el shock sectorial -el agro, la energía, las comunicaciones y la infraestrutura- respondieron favorablemente al nuevo escenario. Así, lideraron el crecimiento.

En cuanto a la inflación, 2016 finalizó en torno del 40%, fuertemente influenciada por los intentos de la gestión del presidente Mauricio Macri para comenzar a reestablecer la gran distorsión de precios relativos reinantes en la economía. En este proceso, entre las primeras medidas tomadas por la nueva administración, se incluyeron la liberación del cepo cambiario, la baja de retenciones agropecuarias y el incremento en las tarifas de servicios públicos.

No obstante, es preciso distinguir entre lo que es inflación propiamente dicha -incremento generalizado de todos los precios de la economía- de lo que es un cambio de precios relativos. Si bien el impacto sobre el bolsillo de los consumidores es el mismo al final del día, la inflación es consecuencia de un fenómeno monetario en el cual el Banco Central emite más pesos de los que la economía demanda.

Por su parte, la recomposición de precios relativos es el incremento de determinados precios respecto de los restantes de la economía, que resulta de la existencia de un nivel de demanda imposible de abastecer con la producción existente, de manera que las ganancias por producir estos bienes aumente respecto de la producción de los restantes bienes. Así, el cambio de precios relativos es la señal necesaria para atraer inversiones a sectores donde es necesario incrementar la producción.

Es de esperar que el proceso de recuperación económica se consolide a lo largo del corriente año. La recuperación estaría por encima del 3,5%, a la vez que en la medida que se moderen los ajustes de precios relativos, establecidos por el Gobierno, la tasa de inflación convergerá a niveles cercanos al 20% anual. Ahora bien, este escenario estará sujeto a lo que ocurra en el contexto internacional -en un mundo en el cual comienzan a observarse tendencias populistas, proteccionistas y xenófobas-, y a la consistencia entre la política fiscal seguida por el Gobierno y monetaria-cambiaria, que maneja el Banco Central.

Quizás es correcto decir que la peor parte de la transición ya fue superada. Sin embargo, con un tercio de la población en situación de pobreza y con una tasa de inflación en torno al 20% anual, pensar que los problemas se resolvieron seria completamente absurdo. La resolución de estos asuntos demandará años de implementación de políticas económicas consistentes, algo que el país no experimentó en las últimas décadas.